Cuando te marchaste se fueron contigo pedazos de mí, trozos de mi vida en cada paso que se alejaba.
Desapareció aquello que fuimos,
se extinguió un idioma, murieron sus significados.
Te llevaste también mi gusto por lo dulce
y volviste dolorosos los atardeceres en la playa.
Canciones que marchitaron y flores que enmudecieron, bancas en un parque que nunca más visitaremos, sueños que se quedaron en posibilidades y cielos bajo los que nunca nos besaremos.
Pero lo más importante,
lo que no supe distinguir al ver tu espalda desaparecer en el horizonte,
fue mi capacidad de escribir
sin convocar tu rostro en cada verso.
Desde entonces, cada palabra busca tus ojos y oídos, aunque mis pasos sigan por otros caminos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario